- ¿Qué fue antes: Ho Chi Min o las zanahorias?
- Todo comenzó con las sardinas, amigo Trosky- responde Rafa, el camarero malagueño de La Tasca Vasca-, todo comenzó con las sardinas -repite en tempo de ensoñación, como si hablara en una nebulosa.
A mí me gustaría tomar tranquilo el café y esta copita de orujo que me he pedido para leer tranquilo el periódico del jueves (si alguien me garantiza que el periódico de hoy es mejor que el de antes de ayer se lo compro), pero Gaznápiro y Urticaria discuten con bien de volumen apoyados en la barra y así no hay quien se pueda concentrar.
- Convendrá conmigo, amigo Gaznápiro, que no hay mal que por mal no venga, y quien roba a un ladrón tiene cien años de prisión.
- Convendré consigo, amigo Urticaria, cuando usted me convenza, pero todavía no me ha presentado ningún argumento válido.
- Pero si ayer mismo se lo presenté: argumento, Gaznápiro; Gaznápiro, argumento.
- Pero el argumento tenía ojeras y síndrome de pirulaí, era más inválido que mi cadera la de la abuela rota.
Pero querrán callarse de una vez.
- Cuéntame, Rafa, cómo fue -pregunta Trosky con ansiedad canina al camarero malagueño mientras observa absorto a los dos ancianos que no cesan en la contienda.
- Pues todo comenzó con las sardinas -rememora Rafa-, que si las de cubo las inventó Franco, pero el otro decía que Franco no pasaba de cuadrado, y luego derivaron en las hipotenusas, que son más gordas en el cantábrico, aunque eso Gaznápiro no lo podía admitir sin antes irse a pescar al golfo Pérsico, y per si acaso Urticaria diferenció los diferentes tipos de gordura: mórbida y placentera, llegando a la conclusión de que Gaznápiro era un obeso ambiguo.
- Yo no estoy gordo -grita Gaznápiro interrumpiendo la charla de Rafa y la propia.
- Si prefieres gordito… nosotros no pondremos impedimento -concede Trosky.
- Ni gordo, ni gordito, ni fuertecito. Yo me miro al espejo y me veo bien, me da igual lo que digáis los demás.
- Estamos –concluye Trosky con voz de detective televisivo que destapa los farragosos misterios de un crimen- ante un caso evidente de anorexia inversa.
- Convendrá conmigo, amigo Gaznápiro -irrumpe Urticaria-, que las bolsas que le cuelgan desde la panza podrían denominarse inequívocamente lorzas.
- Esto es salud, amigo Urticaria, y enfermedad lo que se esconde en sus profundas fosas intercostales- responde Gaznápiro y los dos abuelos vuelven a enfrascarse en una engorrosa discusión. Por su parte, Rafa reanuda el relato de los hechos a Trosky:
- El debate sobre las hortalizas llegó más tarde. Fue torrencial, memorable, todavía se recuerda en todas las tascas del barrio. Ninguno de los dos daba su brazo a torcer, que si la zanahoria vencerá, decía uno, mientras el otro argumentaba su inquebrantable adhesión al nabo.
- ¡Guau! –exclama Trosky en lo más parecido que le he escuchado a un ladrido- Deben llevar mucho tiempo tertuliando.
- Entre tertuliando y de charreta llevan ya ni se sabe -explica Rafa-. Dicen que Gaznápiro nació en ese mismo taburete cuando todavía los bares no tenían televisión.
Y Trosky repite guau, y Urticaria señala las mollas de la geografía gaznápira, y su contrincante resalta el valor calorífico de los lípidos, y Rafa recuerda aquella discusión sobre si Ho Chi Min habría sido por su estatura un gran jugador de petanca, y Urticaria pide una ración de banderillas, y Gaznápiro diserta sobre la perfecta colocación de la guindilla en una brocheta de encurtidos, y
- ¡Basta! -interrumpo para lograr una décima de silencio sin haber conseguido enterarme de nada de lo que pasó el miércoles- Todavía no habéis hablado del acontecimiento más significativo de hoy: hoy es el cumpleaños de Trosky.
- Pero, hombre… -dice Gaznápiro.
- Pero, perro -corrige Urticaria.
- No nos habías dicho nada. ¡Felicidades, chucho! Una ronda para celebrarlo. ¿Y cuántos caen?
Este es el momento que yo estaba esperando. Silencio. Trosky odia cumplir años, no le gusta hablar del tema. No sabe contestar, no le surge ninguna evasiva, se queda paralizado. Tras varios minutos incómodos (para mi gloriosos) de miradas, el propio Gaznápiro le saca del atolladero.
- No te preocupes, perrico, ya sabes lo que se dice: en la cama y en los años lo importante es cumplir.
Y el perro repite guau, y esta vez parece una cosa entre ladrido y tristeza, y da vueltas sobre sí mismo despacio, vueltas como para abrir una fosa en el terrazo del suelo, y se queda tumbado hecho un círculo. Con el morro sobre las garras resopla una canción de una sola nota y un largo silencio en el que todos quedamos contemplando la melancolía canina que desprende su mal envejecer.
Siento haber sacado el tema, perrico tonto, yo pensaba dejar tu aniversario en el anonimato, pero era la única forma que tenía de escapar de este barullo.
felicidades perrico y felicidades blog. Y que cumplas muchos más así de bien, ya siento que el perrico se ponga triste …
Entre delirante y emocionante, como siempre. Y… felicidades, Trosky!!!