¿Sabes cuándo una chica es una bailarina estupenda? ¿Ves dónde tengo puesta la mano en tu espalda? Pues si tengo la sensación de que más abajo no hay nada, ni trasero, ni piernas, ni pies, ni nada, es que la chica es una bailarina estupenda.
Holden Cautfield
Lo más maravilloso del baile es que nunca sabes dónde te diriges.
Dale Cooper
- ¿Sabes? Yo tengo la fórmula para sacar a este país de la crisis económica.
- Ahora no, Trosky, y concéntrate. UN dos tres, UN dos tres…
- Bastaría con poner una tasa a las preguntas imbéciles.
- Con esta garra me tienes que coger más firme, así, encima del hueso de la risa. ¿Una tasa? Sí claro, y ¿cómo piensas compensar la recaudación de las comunidades con menor índice de imbéciles o preguntones?
- Debes un euro a las arcas estatales.
Que Trosky y la higiene son dos elementos que se repelen lo sabrá cualquiera que haya seguido mínimamente este cuaderno ficción. Por eso pierdo el ritmo, por el olor. Los continuos traspiés del perrico tampoco me ayudan, la verdad, y su cháchara menos.
- Quieres colocarte bien.
- Soy un perro, bien estoy a cuatro patas, y mejor repanchingado.
- Si estamos a baile, a baile, ¿qué vienes ahora con política económica?
- Más tieso no me puedo poner. Pues no es mala idea, sólo con los que preguntan ¿ya has llegado? cuando te están viendo que has llegado liquidábamos el déficit sanitario.
- Relájate te digo y no digas tontadas. Esto es un vals, se supone que hay que moverse con facilidad, deslizándose, como que no requiere esfuerzo. ¡Quieres estar tranquilo de una puñetera vez! ¿Es que no puedes moverte fluyendo relajadamente sobre el ritmo y ya está?
- Acabose, me largo.
- ¿A dónde?
- A un risco perdido a aullar a la luna.
- Perdona, Trosky, pero así no hay manera de ganar el certamen de baile. Sabes que es importante para mi. Quizá lo más importante de mi vida.
Sucedió hace dos semanas. En el informativo de la televisión local, entre el porno serie d y el teletimo “Blanco por dentro verde por fuera”, salió el señor alcalde, su barriga y sus bigotes, y anunció que Villahumos de Arriba iba a acoger el primer festival de baile de parejas extravagantes:
- Habíamos pensado organizar el simposio de política económica “Salir de la crisis y rapidito”, pero para el caso… de lo mismo nos iba a servir -explicó su ilustristísima en el televisor.
- ¡Trosky, Trosky -le zarandeé emocionado-, tenemos que apuntarnos! Es mi oportunidad de ganar algo por una vez en la vida.
Y es que es un trauma muy grande el que arrastro yo con los concursos y competiciones. A todo el mundo le aseguro que no me gusta competir, que ojalá pudiéramos empatar todos siempre… ¡Ja! Necesito ganar aunque sea solamente una vez, luego ya empataremos todo le que haga falta.
- A ver, Carahuevo, tú no has bailado en la vida -me recordó Trosky-, y yo, aunque domino el cha-cha-chá y el bugalú, soy bastante torpe en el calypso y -remarcó- nada sé de vals.
Y justamente dijo vals la voz de la concejal de Cultura cuando, el día del concurso, abrió el sobre en el que se guardaba en secreto cuál sería el estilo en el que debían concursar las parejas extravagantes. Dos semanas llevamos ensayando pasos, vueltas y piruetas desde el aurresku al reguetón para que nos digan ahora que se va a concursar en vals, la única lección que nos hemos saltado.
- Da igual -animé a Trosky que ya se quería retirar- la conexión la tenemos, la improvisación nos dará frescura, y no cabe duda de que somos la pareja más extravagante.
Y tenía razón, quizá solo nos superara el señor con chistera que bailaba con su propio complejo de inferioridad, así que le miré fijo a los ojos y le dije: “Perro pulgoso, podemos ganar”. Así que el perrico me miró a su vez a los ojos y me dijo: “Carahuevo, vamos a bailar este vals hasta que terminemos con ese trauma que arrastras desde que a los tres años…”
- No me lo recuerdes – le interrumpí, y nos pusimos a bailar. Pero la cosa no ha empezado bien, no nos coordinamos con el UN dos tres UN dos tres de las narices y ya me estoy empezando a desesperar:
- Te he dicho que con tranquilidad y fluidez -le repito-. Es que no puedes ni siquiera dar un puñetero paso con… ¡eh, espera! ¡Eso es! Ahora, ahora lo estamos pillando. UN dos tres, UN dos tres, OLE ole ole, UN dos tres…
Es que cuando nos ponemos… porque nosotros el sentimiento lo tenemos, y gracia no nos falta; la técnica, pues se aprende, y cuando se coge… cuando se coge somos insuperables.
Sin duda estamos deslumbrando, ¡nos han hecho corro y todo! De sobra íbamos a ganar si no apareciera ahora el amigo Luis de Guindos con su traza de apoderado con caracolillos volviendo de una jarana loca. Viene de la mano de su compañera de baile: doña Tijera Tijereta. (Ya se que suena a cliché facilón, adolescente y blandurrio, pero qué le puedo hacer si mi sueño es así)
- Mira Trosky -le digo a mi canina pareja de baile- este es el señor que cada vez que habla sube el pan. No se mueven nada mal los jodidos- añado, y es verdad, están en su salsa, en su mambo y en su vals. Cuando ellos bailan la pista toda se pone a temblar.
Esto no se va a quedar así. Me niego. Estábamos a punto de ganar. Me echo al centro de la pista y de un relincho paro la música para increpar al ministro campeador (su perfume de muy hombre inunda la sala. Tiemblo de nervios y ganas de vomitar):
- Señor ministro: ¿acaso le ha dado un siroco loco de recorte orgiástico? ¿Dónde pretende llevarnos con este vals? ¿No se da cuenta de que nos estamos vendiendo a especuladores sin escrúpulos? ¿No sabe que sin medios públicos perdemos nuestros derechos? ¿Pretende llevarnos a un nuevo feudalismo en el que los únicos derechos sean los que concede el señor? ¿No sabe que presionando así a la población conseguirá que estalle?
El ministro me mira fijo, con su morro para afuera de matador y responde firme:
atro, cinco, seis preguntas imbéciles. Debe usted seis euros a las arcas estatales. (Con este jeto de pesadilla me lo dice)Yo miro al traidor inconsciente de Trosky entre perplejo y atropellado y hago fuerza, fuerza, fuerza para despertar. Fuerza, fuerza, fuerza, fuerza… O despierto o me cago en la cama.