Cap 17. Nocturno de Chuchófeo

Con el árbol de muñones que no canta

y el niño con el blanco rostro de huevo

Federico García Lorca

Chuchófeo es un lugar lejos de determinismos; respira, Trosky, ya llegamos. Podrías preferir descansar aquí, dar vuelta atrás, incluso no haber partido nunca hacia Chuchófeo, pero explicas tú a la cigarra la derrota cuando nos vea volver vacíos, taciturnos, sin una rima en los bolsillos.

No me mires mohíno, cara de mono. ¿Te obligué yo a emprender el viaje? ¿Te incité siquiera? Sabías bien que este camino es todo noche y aún así, por primera vez en tu vida, como si fueras un perro con dueño, clavaste tus dientes en mis zapatos. Y por primera vez te vi sin carámbanos de barro en la pelambre. Y recuerdo tus primeros pasos bien alzada la cabeza.

Son olmos lo que amuralla nuestro camino, olmos de mudos muñones. Me duele tanto silencio, tengo que agarrarme a un rojo noviembre para continuar andando camino a Chuchófeo. ¿Te he dicho que me da miedo el silencio? Ha de estar enfermo uno para asustarse del silencio. Debe de ser que suena a vacío.

Y tú ahora caminas sin derramar un sonido; perrico orangután, chucho hormigonera, alboroto canino, tú que eres el bullicio hecho mamífero caminas ahora  imprimiendo silencio en el silencio. ¿Crees que los samarugos que habitan los charcos se molestarán si haces demasiado ruido? ¿Temes que te coman las paticas los pececicos? Andas a paso de mansión deshabitada como si quisieras llegar nunca a Chuchófeo; como si quisieras arribar tan exhausto que la meta sólo te permita descansar largos bufidos, alarmas de resuello. Debo admitir también que no dejas de dar paso delante de paso delante de paso. ¿Viste qué tenuemente reposan su luz las estrellas? Tampoco quieren desprenderse de lo suyo. No quieren desgastarse desnudando la senda a Chuchófeo. Y tú no dejas de dar paso delante de paso delante de paso. ¿Qué me dirás cuando te diga que no tiene fin el camino?

Desde que se considera hortaliza el tocino yo también soy vegetariano. Desde que llueve todos los días tengo los pies de fango. Las hienas viejas nos miran con desdentado desdén: tras los olmos brillan sus encías de fuego. Desde que se abolió el miedo yo también soy anarquista y extinguidos los esquiladores puede mi melena adornarme los hombros. Tú no. Tu eres más bravo. Tú sólo continuas paso delante camino a Chuchófeo con tus patas divertimento de pulgas. Y yo te sigo. ¿Qué me dirás cuando te diga que nunca se llega a Chuchófeo? Quizá que la meta es el camino, que la victoria consiste en continuar caminando. Y yo, dudando, te creeré.

Cap 6. Lunático

“Pero seguí volando

desperadamente”

oliverio girondo

¡Trosky! ¡Trosky! ¿Dónde te has metido, perrico? Busqué en la buhardilla y no te encontré, busqué en el excusado, en la alacena, en la jofaina, bajo la arpillera… no te encontré.

Bajé después al parque y me dijeron que no estabas. Indagué en la esquina, en la farola, en el portal, en la capilla, en el kiosco, en el presbiterio, en la bodega, en el almacén de abastos… Pero nadie había notado tu presencia aquel día; tampoco tu ausencia. Así que fui al puerto y pregunté por mi perrico que es así como recién descaparrado, aparentemente culto, con cara de huida y complexión alfeñique. Un chucho así he visto esta mañana, me dijo un viejo lobo de mar con olas lejanas en la garganta; me preguntó por un velero y yo le presté un cascarón carne de naufragio, una tela fina de lino y una cruceta de caña para encaramarla, añadió. Mostró mucho interés por zarpar, justificó su negligencia el marino, y yo no quise cobrarle nada por lo prestado. Por el mismo precio me cedió a mí la tapa de un bidón de gasoil y una cuchara de palo para que halara la chapa en alta mar. También me indicó el rumbo a seguir: Todo adelante.

La oscuridad se cernió sobre mí cuando ya llevaba remado mucho mar, los tiburones que esperaban mi fatiga se habían hastiado de mi denuedo y ya no me merodeaban, las gaviotas no era más que un recuerdo difuso de amenazador mirar . No temía perderme, al principio, porque mi chalupa iba dejando un rastro de lodo grasiento; más tarde me sorprendí con la de fauna marina que encuentra manjar el pingüe hidrocarburo. Da igual, pensé, para volver sólo he de avanzar todo adelante hacia atrás. Seguí remando. No sé cuándo advertí que ya no arrastraba agua salada con mi cuchara de palo sino una masa compuesta de éter y polvo de estrella. Había acabado el mar, había traspasado el confín del mundo y ni siquiera me había dado cuenta. Cómo puede ser que no me haya percatado antes de este envolvente silencio, exclamé y ni mi voz escuché al exclamarlo. Seguí remando.

No miré atrás, pero porque era fabuloso el mundo que se presentaba delante. Todas las almas de la Historia revoloteaban revueltas en un limbo no tan extenso como cabría imaginar. Cristo se medía con Sócrates los harapos, Diógenes y Nietzsche disputaban por un candil, Cervantes y Shakespeare se ayudaban mutua e  infructuosamente a liberarse de sus incomodísimas golas, Reagan procuraba olvidar. Seguí remando.

Y mira dónde te he encontrado, perrico pulgoso, ¿qué haces aquí, en la luna?

La más bella imagen de la luna

Troskyto, que te dijeron que aquí hay agua y te subiste a hacer un gin-tonic, que te embelesaste de un astro chiquito, nocturno y pálido como la muerte. Oye luna, luna, luna, que desde que te hallaron agua se te encuentra más lozana y es como que te brillan los salpicares sobre la cara. En un charquito selenita te rebozas y remozas, Trosky, y me dices que tú no quieres volver ya nunca a la Tierra. Y yo te entiendo, chucho, porque aquí no hay  ni coches ni ordenadores, pero fíjate bien que tampoco hay huertas, y ya me dirás tú de dónde sacamos aquí alubias blancas y pintas, pochas y fabas, garbanzos y lentejas. La luna está bien  para venir a visitarla.

No seas cabezón, Trosky, que aquí no nos podemos quedar, que hace frío y no hay aire, ni dibujos animados ni prensa del corazón. No, no he traído una caña para pescar legumbres y tampoco existe una agencia galáctica de cazuelas a domicilio. Deja ya de remolonear y vamos para casa, que yo he dejado toda la faena por hacer para venir a buscarte y en el mismo sitio me estará esperando y después todo a última hora y mal y cómo explico yo que estaba en la luna y no he podido cumplir.

Hay que volver quieras que no. Todo adelante hacia atrás. Normalmente se llega en un tortazo.