Decididamente este no es sitio para un perro,pero yo no pienso perdérmelo, así que no nos vamos a casa. Además resulta imposible moverse un palmo en este mogollón.
- No nos vamos a casa, Trosky.
- Tengo miedo.
Normal que tenga miedo, yo también lo tendría si fuera un cuadrúpedo.
- Mira, Trosky, Ecce Homo va en cabeza seguido a tres costaleros de María Magdalena. Nazareno se ha quedado rezagado y está haciendo tapón, no deja pasar a Última Cena que le va a rebufo.
- Y por qué tanto ruido.
No, hombre, no. Así no. Un poquico de espíritu penitente, por favor.
- Pues la mascletá bien que te gustó.
- Allí no llevaban caperuzas de ku kux klan. Uno me ha mirado; por los aujericos se veían sus ojos bañados en sangre.
- Pero si ese era Iñigo.
- ¿El impredecible? ¿Y de qué se esconde?
- Motivos no le faltan, pero no se esconde.
- ¿Entonces?
- Mira, en los tres últimos pasos ha pasado medio barrio encapirotado.
- Pues habrá que mudarse.
No sé cómo explicarle que no hay escapatoria. Están en todos los sitios. Son más que nosotros y hacen más ruido. Yo ya me he resignado. Además que no resulta fácil escaparse de un paisaje: cuando uno quiere darse cuenta ya forma parte de él. Si en tu paisaje hay una catedral tardo románica, por ejemplo, es más que creíble que vayas a comprar tabaco y acabes en el álbum de un joven alemán. Si está plagado de camellos, lo normal es acabar en el álbum de las fuerzas de seguridad. En la curva de la estación La Dolorosa adelanta tres pasos de golpe y se dirige como una saeta hacia las procesiones de cabeza. Al estamparse contra un chaflán, La Oración en el Huerto ha dejado en la calzada un reguero de hojas de olivo.
- ¡Santa María Purísima! ¡Qué emoción! ¿No te eriza los pelos tanto misterio, Trosky? ¿Trosky?
Habrá ascendido en cuerpo y alma a la buahardilla. Levitando, digo yo, porque el tránsito por tierra está imposible.
- Disculpe, señor, ¿ha visto largarse al chucho que estaba conmigo?
- Calla, hombre, que entrán en la recta final. ¡Aaaay!
- Flagélese con más cuidado, coña, que casi me da.
No sé qué demonios pinto yo aquí, quién me habrá convencido de que esto podía tener algún interés. A mí, que soy más de amen que de amén. La puñetera admiración de algunos artistas por el misticismo de la Semana Santa. Seamos sinceros, a mí no me mueve nada por dentro; por fuera sí me mueve pero contra mi voluntad. Dejen de empujar, puñeta.
- Señora: eso que tiene en el codo es mi ojo.
Mi vecino deja de latigarse y apunta con el dedo.
- Oiga, ¿no es ese su perro?
- Sí, míralo, pero qué hará ahí encima del paso de la crucifix… No, no. Se parece pero no es. No creo que sea.
Trosky, contente, es una cruz, no es pino, una cruz… Contente, contente, ¡¡baja esa pati… ¡Mierda! Ahora sí que nos comen.

