Cap 19. Cuartos traseros

Sólo he dicho, señor mío, que usted se parece a un huevo, y ya sabe usted que hay huevos que son muy bonitos

Alicia

Trosky, sentado sobre sus cuartos traseros, no es más feliz que completamente desparramado, pero sí más ridículo, si cabe. Te quieres morir cuando intenta rascarse la oreja con la pata cual Ideafix. Daño hace verle. El caso es que se desequilibra, no quiere acercar la cabeza a la pata sino estirar el cuello como para morder una nube y se desequilibra. Pierde la base al alzar un poquillo la garra por lo que vuelve a posarla, pero cabezón como es lo intenta de nuevo, y ahora un poquito más arriba, y mira que ya alcanzamos la pechera, y un poco más y al garganchón, la última intentona y ¡zasca!, acaba desparramado en el suelo, y es más feliz que sentado sobre sus cuartos traseros con las patas delanteras estiradas, y lo mismo de ridículo queda. De hecho, bien repantingado en el sofá o diluyendo sus miembros sobre cualquier superficie mullidita, es un perro bastante feliz. Muy feliz si su sopor se debe a una trabajosa digestión de leguminosas. Entonces ¿para qué levantarse?

- Eso digo yo -replica Trosky despanzurrado en el césped del parque. Las hormigas le hacen cosquillitas trepando por su hocico.

Por eso ayer, cuando encontramos a ese hombre tirado en la acera a la vuelta de nuestro paseo nocturno, el perrico ni se inmutó.

- A qué viene esa cara de espanto -me dijo-, está durmiendo como un campeón.

Como yo no tenía claro que respirara lo zarandeé, y lo volví a zarandear hasta que se removió farfullando.

- ¿Qué ha dicho? -pregunté saltando del susto. El tipo permanecía boca abajo y yo no sabía si había reproche, delirio o reclamo de auxilio en ese gromf guormf rfmmfg que oía. Trosky se acercó husmeándole con su hocico por arriba y por abajo. El hombre parecía reír en ronquidos.

- Dice algo de dormir, algo de una mona y algo de a tomar por el culo de aquí, idiota -tradujo Trosky, y avanzamos.

- Como dijo Ho Chu Noik: “Nadie se acuerda de los chinos cuando pierden a la máquina” -se filtra por entre los dientes de Trosky que casi ni mueve la boca de tan despanzurrado que se encuentra sobre la hierba del parque. Las hormigas le hacen cosquillitas trepando por su hocico.

Yo no sé si Ho Chu Noik dijo o no tal cosa, si acaso existe o existió, pero razón no le falta. El caso es que el hombre con el que tropezamos ayer duerme todas las noches en nuestra calle, y casi siempre en estado de viaje, pero las más de las noches yo ni lo veo porque se acuesta en unas escaleras que bajan al muelle. Otras noches sí lo veo, pero esa silueta en la sombra, recogidita en un portal, no me inquieta. Así que lo que me alarmó fue que estuviera en la acera bien estirado y no en una de sus habituales ubicaciones, medio metro más allá. Lo que me alarmó fue el fresco de las noches de verano.

- Como dijo Shopenhauer –señala Trosky silbando una risita-: “¡Qué placentera esta hierba!”

Y puede ser que lo dijera, yo no lo niego, pero:

- Tú te estás cachondeando de mí, eh Trosky, anda levanta que nos vamos a casa.

- Como dijo Kierkegaard: “Creo que voy a tardar en levantarme”

- Y como dijo mi padre: “O te levantas o te levanto”

- Sí claro, y me vas a decir que tu padre es más listo que Søren -responde sin mover un músculo y permitiéndose una patética familiaridad con el filósofo-. Además que ya lo dijo San Agustín de Ipanema: “Deja tranquilo al perrico, anda”.

- Será de Hipona.

- El caso es que lo dijo, y éste además de filósofo es santo, así que doble autoridad.

- Pues me alegro, pues aquí te quedas riéndote con tus hormigas, yo me voy a merendar a la tasca. Ya aparecerás si quieres, y si no, esta vez yo no te saco de la perrera. Lo que no me explico es que ni la tentación de la merienda te mueva.

- Ay, Carahuevo, que escasa cultura la tuya. Si ya lo dijo Descartes: “Cogollito, ergo sum”.

Ahora lo entiendo todo, mucho husmeabas tú ayer. Trosky, chucho rastrero, está muy feo robarle el desayuno a un necesitado.